VOLVER AL AQUERONTE
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Autor:Pedro Rodriguez |
Un año, un año encerrado, con todos sus días y todas sus noches, ni rebaja de condena por buena conducta, ni privilegio alguno por ser excesivamente viejo. Entre presos comunes, que le llamaban son sorna “El Tatara”, vivió todo ese tiempo, aprendiendo toda clase argucias y artimañas, agriándole más aún si cabe, el carácter.
-Soy demasiado mayor para estar preso -le decía una y otra vez a sus guardianes-, el sistema no está bien, no funciona.
El día de su liberación se sintió eufórico, rejuvenecido, por fin estaba fuera, fuera de esa oscura, sucia y maloliente celda. Volvía a pisar las calles, lejos de ese inmundo lugar. Ahora podía volver a su vieja casa, casi tan vieja como él, y reincorporarse a su viejo trabajo, mucho más viejo que él.
Se despertó con el canto del gallo, dichoso gallo, y como cada mañana el mismo pensamiento, “el día que te mueras, ave maldita, te voy a cruzar el río gratis, para que te dediques a perturbar el sueño de los de la otra orilla, Cerbero se encargará de darte el fin que te mereces”.
Abrió la ventana y se asomó, estaba de vuelta y frente a él volvía a estar el Aqueronte, o eso suponía, pues aún era de noche, una gélida noche invernal, con una espesa niebla blanquecina, desde la que emergía cual taimado espectro, el sonido del agua en movimiento. Respiró profundamente, percibió el inconfundible olor de la tierra mojada que se mezclaba con el aroma de la adelfa y el hinojo. Si, ahí estaba y parecía estar en calma, así se trabaja mejor, pero el frío y la humedad no le sentaban nada bien a sus viejos y cansados huesos.
Este momento de paz del que el viejo Caronte disfrutaba, escuchando el agua correr y sintiendo el aire helado en su agrietado rostro, fue hecho pedazos por los gritos y lamentos de las sombras errantes que se agolpaban nerviosas a las puertas del embarcadero.
-¡Callad, maldita sea, callad!, no se abre hasta las 9, ¡Qué prisa tenéis, si estáis muertos!, os vais a cansar de estar en la otra orilla –gritó hacia la oscuridad, deseando que sus palabras atravesaran la niebla y acallaran al vocerío.
-¡Qué gran idea tuviste jefe!, poner un pergamino con los horarios, abierto de 9:00 a 18:00. Pero si la mayoría no sabe ni leer –clamó Caronte mirando al cielo mientras cerraba la ventana.
-Encima hoy, tengo que volver al trabajo precisamente hoy, el día que entra en vigor la subida de precios del transporte. Extraña coincidencia, caprichoso hado. Seguro que los difuntos han sido enterrados con los óbolos justos. Pues los que no tengan el dinero se quedan en tierra, vagando por la orilla hasta que consigan los céntimos que les falten –se decía mientras se preparaba el desayuno.
Comió tranquilamente, sin prisa, cuando terminó, empezó a vestirse, mientras recordaba el día en el que Hades, después de mucho insistirle, vino a verle y le trajo el material para poder trabajar. El calzado, era de lo mejor, pero lo fue en su momento, ahora, después de 70 años, dejaba mucho que desear. Las suelas estaban rotas y el cuero descosido, siempre acababa la jornada con los pies empapados. La capa ya tenía agujeros, por los que entraban el agua y el viento. El gorro, el gorro lo perdió hace más de un año, mientras luchaba con Heracles para evitar que cruzase el río sin pagar, parece que no han tenido tiempo de traerle uno nuevo.
Pensó, “que si tenía que pillar una pulmonía ése iba a ser el día perfecto. Debía volver a hablar con Hades, no podía seguir así, en vez de un respetable funcionario parecía un pordiosero, no daba buena imagen a la empresa. Había muchos temas que tratar, librar al menos un día a la semana, tener algún periodo de vacaciones o mejor aún, jubilarse, ya había trabajado bastante, lo que estaba claro es que tenía que mejorar su situación, era demasiado viejo para seguir así”.
Caronte se acercaba al embarcadero, allí le esperaban, no estaba preparado aunque sabía de sobra lo que se iba a encontrar.
Almas alegres de vivos que fueron felices y afrontaron los avatares de la vida con una sonrisa, y con la misma y estúpida alegría soportaban el frío y la humedad esperando al barquero. Almas tristes de personas que jamás supieron disfrutar de la vida, que vivieron y murieron con la tristeza como única e inseparable compañera, a los que nadie echará de menos. Almas humildes de personas humildes, que apenas tenían dinero para pagarse el viaje a la otra orilla. Almas altaneras, soberbias y orgullosas de vivos que en vida saborearon las mieles de la fortuna y que pensaban que muertos también tendrían privilegios. Caronte les odiaba a todos pero a estos últimos más que a ningún otro y se esforzaba en dejarles muy claro, que la muerte nos hace a todos iguales. Él decidía quienes y cuando cruzaban. A los ricos les hacía esperar bajo el sol abrasador o la insistente lluvia hasta el final de la jornada.
Cuando se encontró delante de la tremenda algarabía que se agolpaba en la puerta, un tremendo cansancio y una profunda melancolía se apoderaron de él. Todas las noches, mientras estuvo encerrado, sin dejarse ninguna, maldijo a Heracles. Por engañarle y cruzar el río sin pagar, motivo por el cual fueron a parar sus viejos huesos entre rejas. Pero ahora, ahí de pie, sobre la vieja barca, entre la húmeda niebla, con su pelo blanco mojado, su viejo y roto calzado, su capa de cuero raída, con el frío machacando su débil y enjuto cuerpo, pensó “que tal vez, solo tal vez, debería darle las gracias, por haberle sacado de allí y conseguirle todo un año de vacaciones”.
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| Publicado por Miguel Martín en Ejercicios, historia | |
| En los temas, tags: mito | |
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Muy muy bueno. No se a los demás pero ahora tengo claro que hay trabajos peores.
Enero 28th, 2010 | #
Relato breve, fresco y simpático, con palabras elegidas cuidadosamente. Al autor sabe sacar punta. Muy bueno.
Enero 28th, 2010 | #
ME PARECE ESTUPENDO.
ESPERO ANSIOSO NUEVAS PUBLICACIONES DEL AUTOR.
UN SALUDO
Enero 28th, 2010 | #
No sabia esta faceta tuya pero te agradezco la oportunidad de leerte. Me ha gustado mucho. Espero leer mas relatos tuyos, porque se te da bien. Un saludo.
Febrero 3rd, 2010 | #
Fantastico parece que tenemos un autentico escritor en la familia muy bueno
Febrero 14th, 2010 | #